sábado, 5 de diciembre de 2009













Me he dado cuenta de que las mañanas de madrugón no son tan horribles si voy paseando al trabajo por la Zurriola. Hoy era un día oscuro, de esos que están llenos de misticismo. Entre la niebla se asomaba tímidamente la belleza de nuestra querida Donostia. Mis oidos gozaban del silencio absoluto...


Yo, como siempre, con el tiempo muy justito para llegar al curro, más bien rozando la impuntualidad. Pero no he podido evitarlo, hoy me he levantado pensando con el hemisferio derecho del cerebro y mi irracionalidad me ha llevado a mirar el mar en vez de echar a correr.


Las olas irrumpían con orgullo ante la fragilidad del silencio, pero su efímera vida se difuminaba en un abrir y cerrar de ojos. Son como las mariposas, que pueden morir por un ingénuo roce. A las olas, su soberbia no les es suficiente para mantenerse con vida. Pueden destruir, pero no sobrevivirán. Como los humanos, lo único que podemos lograr con cabezonería es hacer sufrir y nada más.


Como veis, el hemisferio derecho sigue haciendo mella en mí, puesto que un día corriente no me da por pensar en olas y mariposas...Pero la verdad es que a veces viene bien soltar paridas para seguir con tu vida normal. Porque aquel que no hace el mongi, mete la pata, se enfada, grita....de vez en cuando, algo esconde. No os fiéis de los perfectos, porque algún día explotarán y surgirá un gran Tsunami que arrasará con todo...¡Qué miedo! Me gusta la gente transparente.


Y después de todo ........la realidad ha invadido mi cerebro sin permiso alguno y he tenido que correr cual Usain Bolt para no llegar DEMASIAAAAADO tarde.

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